CONVERSACIONES CON LA DIÁSPORA -Comencemos a escuchar a la Diáspora, por qué estoy seguro de que la Nación que ellos sueñan, aún existe.

Esta semana de celebración de Independencia en Estados Unidos, logré que la ocupadísima, radiante y creativa Marisol Rodriguez, hoy apellido Casola, sacara tiempo para compartir un café y conversar. Desde su negocio en West Miami, la hija de Padres adventistas y tradición militar nos cuenta de la montaña rusa que ha sido su vida, y las lecciones que cree poder compartir con otros criollos como ella.

La emprendedora que desde más de una década encabeza el negocio “La Per Beauty Salon”, nunca ha dejado de sonreírle a la vida y al porvenir, a pesar de las repetidas adversidades. Al comenzar nuestro intercambio, deja escapar pequeñas carcajadas al confiarme que, de niña y joven, llevaba el cariñoso sobrenombre de “Solapa”, liberando un carisma único, el cual estará presente a lo largo del intercambio.

La mimada del «controlador» de aviones de la Fuerza Aérea Dominicana, recuerda haber nacido y vivido gran parte de su niñez en el barrio Militar de San Isidro durante la época de Balaguer. Nos cuenta que fue una época donde a su familia se le cubría desde la leche hasta la escuela. En la Socorro Sánchez, cursa sus estudios y recuerda vender heladitos hechos en casa. Siempre ha sido emprendedora. Nos dice que ya para sus 14, era parte de la milicia dominicana, pero no recuerda si fue iniciativa propia o de sus Padres. Vestida de ramos y camuflaje, cree vagamente haber hecho trabajos laboriosos de esos que hoy pagamos a otras razas y nacionales para hacer. De lo que sí está segura, es que los fines de semana sembraba en un terreno que comprara su Papá por El Bonito, cerca de los cañaverales. Sin cederme la idea, entendí de inmediato que su crianza fue una de trabajo, disciplina y empeño.

Los cambios políticos siempre reorganizan las oportunidades. Y lo que hasta ayer era costumbre para Marisol y su familia, un día dejó de ser. La milicia y vivir en una casa próxima a la Base, no fueron para siempre. Con un nuevo gobierno, se tuvieron que mudar de allí y ahora la escuela no estaría tan cerca. Como muestra superada, nos cuenta jocosamente que le tomaba 4 horas a pie, para llegar al recinto educativo, lo que en tiempo de jóvenes en los 80, quiere decir hora y media. No obstante, me reitera de manera enfática que su orgullo era llegar en su falda khaki y blusa azul, bien almidonada, luego del largo camino. Ambos nos reímos, pues me identifico.

En su adolescencia, viendo la actitud emprendedora, su Mama, opta por montarle su primer saloncito de belleza. Una humilde silla, un espejo, un secador, un blower, par de tijeras, peines y cepillos. Un gesto que determinaría su futuro, pero uno que también la alejaría de los estudios. Durante los subsiguientes años, su Tía Olivia la apoyaría a escondidas, enseñándola a trabajar, permitiéndole escapar la escuela. Sin embargo, ese trayecto que disimulaba tomar todos los días, le presentaría otra oportunidad. Un llamado a “CASTING” por los productores del Programa de TV Con Cuquín, donde permanece por 4 años. Esa experiencia también la llevaría a trabajar con Freddy Beras y hasta el mismo Corporán.

Esa época le afirma que puede aspirar a más, por lo que decide darle la oportunidad a los Estados Unidos. Sin embargo, las cosas no siempre salen como uno piensa. Y la vida solo le presenta adversidades a quienes cree que puede lidiar con ellas. Al llegar al Bronx, se da cuenta que ahí no encontrará contratos de TV y que su única opción era ser mano de obra barata, como todos los otros dominicanos que llegan a esa urbe. Casada por papeles, se ve “prácticamente secuestrada”, incomunicada y arrimada en un lugar donde no conoce a nadie y nadie quiere conocerla, excepto su “supuesta cuñada”. El tiempo y los años pasan. Y con ellos desaires, maltratos y hasta humillación. De estar en una posición aventajada y con relaciones, Marisol se siente traicionada por su ambición. Y así como le ocultó a su familia el haber dejado la escuela por el trabajo, ahora les ocultaba la realidad de su error y terror.

Luego de una larga espera, ve llegar su documentación de residencia. Ese mismo día, esa “cuñada por circunstancia”, le ayuda a organizar el Gran Escape. La lleva al aeropuerto y parte para su isla, con el solo y único propósito de pedirle perdón a su familia, mostrarle que está bien y contarle todo sobre la travesía que ha sufrido. Sentía que debía hacerlo. En especial a su Papa. A quien siempre ha visto como su bastón y confidente. Duraría un solo día en Quisqueya. Empoderada y libre, regresa a Estados Unidos antes del segundo sol.

Llega a Miami, donde nadie la conoce, y lo hace, escapando la posibilidad de que la situación de NY se presentara de nuevo. Lo piensa bien y opta por formalizar su pasión y se inscribe en una escuela de cosmetología. Al poco tiempo conoce a quien sería el Padre de Perla, la esfera que ilumina su vida. Pero ese compromiso sería breve. Ese señor terminaría asumiendo responsabilidades diplomáticas fuera del país. Para el nacimiento de Perla, contó con sus nuevas compañeras de estudio y Dios.

A pesar de otros tantos episodios tormentosos, la niña que llevaba el apodo de Solapa nunca baja la cabeza. Es una mujer de empuje, que por mal que estuvo, nunca considera pedir ayuda gubernamental. Me confiesa de manera orgullosa, “el que pide ayuda, nunca prospera. No crece. No avanza.”

Lo que parece ser un miércoles cualquiera, termina cambiándole la vida. Con un peluche y un vestido amarillo, el destino hace su entrada. Un hombre sin corbata y delantal, de actitud humilde, pero de corazón gigante, le da el tiempo que ella requería para considerar su compañía. Acción tras acción, le confirma su nobleza. Un gesto que se contrapone a los desprecios que hasta entonces América le había mostrado. El diploma de belleza que antes le reprochaban, es entonces celebrado. Ambos se encuentran en el común denominador de la perseverancia. Se presentan entre familias y ambos le confirman a las propias, que el uno es para el otro. El señor de la familia conocida en Miami por su Restaurant de Pizza siempre asumió a la niña Marisol como suya. Carlos y Marisol, comienzan su eterna luna de miel. Y para muestra Charlie (Carlitos), un hijo, tal como le había manifestado su abuela cuando niña.

Pudiéramos dramatizar el cierre de sus dos salones informales o la quema de su primero formal, pero las lecciones son típicas dentro de los latinos. Por lo que hace un llamado a estar siempre de cara a la luz. Acepta que sus compatriotas “llegan aquí, e insisten en hacer cosas a oscuras”, y les exhorta a que no lo hagan. Que nunca debió tener esos salones en casa, y entiende el porqué, hoy. Su carisma nunca va muy lejos de sus deseos de emprendimiento y con lo trabajadora que es, Marisol Casola comienza a embellecer con su arte a dominicanas de todos los niveles. Desde la Primera Dama hasta las mujeres del Consulado; desde el Canal 41, a las cronistas de CNN en español, todos dependen de ella para salir a la luz pública.

La niña del Barrio Militar que vendía helado en la Escuela Pública Socorro Sánchez, ya establecida, como empresaria, productora de programas de Radio & TV y quien sabe que más, discute planes de semi-retiro, en la isla. Incluso, me dice que Carlos, su esposo, es el principal motor de esa idea. Y de manera orgullosa me cede que su “Papá y él, son mejores amigos”, y eso la derrite. Cierra el pensamiento asegurándome que su esposo goza de la cultura dominicana y ha notado que RD es increíblemente fértil para desarrollar negocios. Está segura de que lo que hagan, siempre le saldrá bien. Que, con amor, calor humano y empeño, se logra más.

Al cerrar nuestro intercambio, opta por hacerle un llamado a esos jóvenes compatriotas que sienten poseer ese deseo de crecimiento, pero que creen que la isla no será reciproca a él. “Sean pacientes. Nuestro país tiene mucho que ofrecer. Pero si es que deciden venir, háganlo en la luz. Vengan a trabajar con planes, metas y propósito. Y saber que antes de mandar, hay que aprender a hacer las cosas. Eso se lo enseñó su Tía cuando joven y este país cuando grande.”

Terminando nuestra conversación, le aseguré que la nación que ella sueña aún existe.
#escuchando_la_diaspora_rd